Blog literario

Insomnio

Qué dios me libre de estar despierta durante las interminables horas que preceden al amanecer, que parecen durar el doble cuando el insomnio acecha. Ese aterrador momento, cuyo silencio ensordecedor hace que mi mente inquieta divague entre una idea y la otra, es el peor del día; porque me obliga a estar frente a frente conmigo misma y pensar en la vida tan extraña y predecible que llevo: Despertar a las 6:00 a.m, trabajar a las 8:00 a.m, almorzar a la 1:00 p.m, salir a las 5:00 p.m, llegar a mi casa a las 6:00 p.m y esperar a que caiga la noche para, en vano, intentar dormir un poco antes de que mis ojos se abran por sí solos justo en esas terribles horas que preceden al amanecer, y volver a empezar para lidiar con esa vocecita que no se calla y me dice:

¿Cuándo vence el plazo para pagar la tarjeta de crédito?, gastaste mucho este mes, necesitas vacaciones, subiste 2 kilos, es tiempo de cambiar de trabajo, ¿cuándo vas a empezar la maestría?, ¿qué pasó con el viaje a Europa?, en 4 años cumples 30, ¿qué tan impresionante ha sido tu vida hasta ahora? 

Qué dios me libre de este insomnio maldito, de intentar sin éxito cerrar los ojos para disfrutar de un sueño plácido y profundo. Qué Dios me libre, porque sino, tendré que seguir lidiando con la misma voz que me habla cada madrugada; y me aterra sentir que tiene razón. 

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