Blog literario

Primer beso

beso, atardecer

Cuando sus labios se tocaron, un corrientazo de energía originado en la parte interna del lóbulo temporal medial de su cerebro, bajó como un rayo hasta ese punto medio del cuerpo que abre las puertas al placer. Y de ahí, con una explosión de sensaciones, se esparció a todo su cuerpo dejando a su paso manos temblorosas, rodillas débiles, muslos contraídos y pezones erguidos. 

Mientras sus lenguas jugueteaban y se enredaban una en la otra, la temperatura de su cuerpo aumentaba poco a poco mientras cubría cada parte con un calor paralizante. Primero la planta de sus pies, después sus piernas, su abdomen, sus pechos, sus manos y su cuello. Cuando alcanzó la cabeza, una mano inquieta estrujó su cuerpo tembloroso contra el suyo y, abrazándolo fuertemente, flotaron juntos en un aire caliente y excitado. Sostenidos sólo por esos labios húmedos y agotados que, después de 5 minutos de pasión controlada, susurraron en su oreja y con la respiración agitada un “me tengo que ir”.

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